Partido Imaginario

 

IDEAS FUNDACIONALES

– La democracia parlamentaria de partidos es un anacronismo en tiempos de internet. Es obligación de los ciudadanos buscar alternativas al sistema actual, para profundizar en la democracia e incrementar la participación e implicación del ciudadano en la actividad política. El principal objetivo del Partido Imaginario es buscar alternativas, para mejorar los sistemas de participación y decisión de los ciudadanos.

– Estamos convencidos de que internet es la herramienta adecuada para promover el cambio. El sistema de representación democrática tiene un antes y un después de internet. Debemos utilizar las posibilidades de comunicación e interacción que ofrece internet a bajo coste. La política es digital. No hay transacciones materiales. Todo son ideas, votos y comunicación. Internet debe ser su soporte, para reducir costes y mejorar la relación entre políticos y ciudadanos.

– El Partido Imaginario es imaginario, como su propio nombre indica. No existe como ente. Los intereses partidistas son una falacia, porque los partidos no son nada, entidades sin ánimo de lucro y por tanto entidades sin intereses como tal entidad. Cuando los políticos se refieren a intereses partidistas, en realidad, a lo único que se pueden referir es a los intereses personales de sus miembros. Porque ellos sí son entidades con ánimo de lucro.

– Diferentes de los intereses son los objetivos. Y el principal objetivo de un partido en un sistema democrático debe ser el fortalecimiento de la democracia, porque de lo contrario el sistema en el que se sustenta se resquebraja. No puede haber, por tanto, ningún objetivo partidista por encima de la voluntad popular. Cuando se buscan intereses personales de los miembros de los partidos, poniendo en entredicho la voluntad popular, los miembros de los partidos olvidan sus objetivos como grupo y se centran en los intereses personales de sus miembros.

– El Partido Imaginario no tiene, por tanto, ningún interés particular. No puede tenerlo. Nos gustaría buscar fórmulas para que sus miembros tampoco tuvieran un interés particular en conseguir votos para el IMPAR, en conseguir un puesto de trabajo, en tocar resortes de poder. Entre todos los ciudadanos tendremos que buscar fórmulas para que las personas que se presentan a cargos públicos no dependan de su reelección o de los votos de un partido u otro para conseguir un puesto de trabajo.

– La democracia exige una sociedad incrédula, fisgona, con ganas de saber. Nos parece maravilloso que cada cual vote lo que quiera. Nuestro principal objetivo es que se vote con mayor conocimiento de causa, que la sociedad votante sea una sociedad con capacidad de análisis, crítica con los partidos y con los gobernantes, cualquiera que sea su raza, religión, opción sexual e ideología. No tenemos ninguna esperanza de conseguirlo (sólo faltaba) ni tampoco lo hacemos por un afán muy claro. No tenemos grandes esperanzas. Se trata, básicamente, de que es mucho más divertido vivir entre gente insumisa, inquieta, culta, sensible y disparatada que entre gente dócil y arrebañada (que dice el DRAE que no existe). Como no nos cuesta nada, vamos a intentarlo.

– Los políticos deben estar al servicio de los ciudadanos. El sistema actual de partidos ha convertido a los políticos en una oligarquía, que deja a los ciudadanos en manos de los políticos. Los ciudadanos tenemos que buscar soluciones para cambiar esta relación. Los políticos no tienen ninguna intención de hacerlo.

– Los representantes del Partido Imaginario nunca darán apoyo a leyes a cambio de contrapartidas y nunca utilizarán sus votos como chantaje para conseguir prebendas o la aprobación de otras leyes. Los cambalaches son abominables y no van en beneficio del ciudadano, sino de los representantes de los partidos.

– Ideas, ideologías y creencias no están para ser respetadas. No respetamos ningún tipo de idea.

– No consideramos adversarios, enemigos o contrincantes al resto de partidos políticos. Es necesario que existan y que los ciudadanos podamos elegir entre muchas opciones de voto diferentes. Analizaremos sus programas en estas páginas y diremos lo que nos gusta y lo que no nos gusta, para debatir entre todos los programas de todos los partidos.

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– Nuestro objetivo no es ser el partido más votado en las elecciones, sino vivir en un país que nos guste más. Para conseguirlo, preferiríamos que los partidos pusieran menos empeño en conseguir votos y más en representar mejor a los ciudadanos. En el Partido Imaginario no vamos a poner ningún empeño en conseguir votos. Explicaremos nuestras ideas lo mejor que sepamos e intentaremos que se conozcan, para que todos los que quieran votarlas tengan la posibilidad de hacerlo.

– Nunca vamos a pedir el voto para el Partido Imaginario. Nos parece absurdo que alguien pida el voto para un partido u otro. A nuestro juicio, cuando los políticos piden el voto para su partido, nos tratan a los ciudadanos como si fuéramos imbéciles. Intentaremos no hacer nunca eso.

– Los representantes del Partido Imaginario actuarán de informadores, para darnos a los ciudadanos toda la información que nos pertenece y exigimos. Esperamos que desde dentro de las instituciones haya maneras de conseguir la información que ahora no podemos conseguir. Pelearemos por ella y la haremos pública con acceso fácil, a través de internet.

– No hacemos proselitismo. No queremos convencer a nadie de que nuestras ideas son mejores que las de otros. Al contrario, debatiremos nuestras ideas continuamente, en público, y si encontramos ideas mejores las cambiaremos.

– No gastamos el dinero en publicidad. Hay alternativas mejores para gastar el dinero. Si algún día tuviéramos algo de dinero, lo dedicaríamos a tareas de formación y educación.

– No nos gustan los eslóganes en la política. El único eslogan del Partido Imaginario será: “El Partido sin eslogan”. No es una paradoja. Es una contradicción.

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– Los privilegios son perjudiciales para la convivencia. A fuerza de la costumbre, algunos privilegios pasan desapercibidos. En España hay todavía muchos. Debemos estar alerta para identificar los privilegios y eliminarlos. Los políticos disfrutan de muchísimos privilegios inexplicables. No son los únicos contra los que pelearemos, pero sí los primeros.

– No nos gustan los líderes. Nos parecen peligrosos. El único líder posible, en una sociedad moderna y abierta, es la propia sociedad. Líderes, salvapatrias, elegidos por las alturas, iluminados… sólo tienen sentido en una sociedad que renuncia a su responsabilidad. En el Partido Imaginario no queremos líderes ni nada que se le parezca.

– No nos gustan los militantes, los afiliados ni los incondicionales. Esperamos que los integrantes y candidatos del Partido Imaginario no tengan ningún respeto por el Partido. Entre otras cosas, porque el Partido no es nada.

– El Partido Imaginario defiende el mismo concepto de sociedad en todos los territorios, independientemente de dónde se cierren las fronteras de cada uno. A la mayoría de nosotros le gustaría que no existieran las fronteras. Tenemos el mismo deseo de bienestar para todos los ciudadanos de la tierra, independientemente de su origen y lugar de residencia.

– Como las portadas de “El jueves”, tenemos un nombre, pero teníamos más. El ‘Partido Entero’ no hubiera estado mal, pero se nos ocurrió tarde. El ‘Partido Diferente’ hubiera sido una redundancia o un pleonasmo, una obviedad o una soplapollez. Demasiado pretencioso en cualquier caso. Más que Imaginario. El mejor nombre de todos, el primero que tuvimos en la lista, fue ‘Partido 60rpm’. 60 revoluciones por minuto, una revolución por segundo. Era el mejor nombre de todos, pero nos dio miedo a quedarnos in revoluicones demasiado pronto.

– Imagina que obtenemos más votos que nadie. El Partido Imaginario incluiría en el gobierno a personas de otros partidos, a personas con ideologías diferentes y a buenos profesionales en general. Al igual que en una buena empresa no preguntan por tu ideología sino por tu eficiencia, en muchos cargos y ministerios se requiere a buenos gestores. Los buenos gestores son necesarios independientemente de lo que piensen y nosotros los aprovecharíamos a todos.

– El capitalismo es el sistema económico conocido menos malo. Lo sabemos por experiencia. Es equivalente a lo que sucede con la democracia entre los sistemas políticos. El capitalismo no es un buen sistema económico porque requiere del consumo constante (demanda) para que la economía funcione. En una época de energía barata (oferta), como los últimos cien años, el capitalismo no estimula la eficiencia, el mejor aprovechamiento de los recursos. Para que no haya pobreza, es necesario aprovechar hasta el último gramo de energía potencial acumulado en las materias primas. No hemos sabido hacerlo en los últimos cien años de petróleo barato (ni con capitalismo ni con otros sistemas económicos).

– Tenemos claro que el mundo político es un ámbito cerrado, lleno de intereses espurios que no nos interesan nada: nombramientos, intereses económicos cruzados, luchas de poder, vanidades… Los ciudadanos tenemos que conseguir apartar todos estos aspectos bastardos de la política. De momento, a nosotros no se nos ocurre otra forma mejor de hacerlo que crear un partido diáfano. Pero nos gustaría que hubiera más iniciativas para recuperar ese espacio que es nuestro, de los ciudadanos. Recuperar es un verbo arriesgado, porque en España la política nunca ha estado en manos de los ciudadanos. Aun así utilizamos recuperar, porque conceptualmente ese espacio nunca ha dejado de ser nuestro y por tanto sentimos cada día que nos lo han usurpado.

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– El Partido Imaginario elaborará dos programas electorales. Uno con medidas para actuar en caso de no obtener mayoría para gobernar y otro en el caso de obtener la mayoría. Son programas diferentes porque el mandato de los ciudadanos también es diferente. En ningún caso entenderemos que ese mandato consista en torpedear a quien ostenta el poder. Nadie que vote al Partido Imaginario podrá adjudicar ese mandato a su voto, porque entendemos que la labor de oposición debe ser constructiva, en beneficio de los ciudadanos. Estar en la oposición significa reconocer que tus ideas no tienen el respaldo de la mayoría. Defender las ideas de quienes voten al Partido Imaginario no puede significar entorpecer la gestión del programa electoral del partido más votado.

– Los ciudadanos tenemos que poder concretar nuestro rechazo a los representantes y programas que nos proponen los partidos. Los votos en blanco tienen que traducirse de forma proporcional, como si de un lista se tratara, en escaños vacíos en parlamentos y ayuntamientos. Un voto de castigo con fuerza, que obligue a los políticos a pensar en los ciudadanos. En la actualidad, no hay voto de castigo posible para el conjunto de la clase política. O ganan unos o ganan otros.

– Los representantes de los ciudadanos son elegidos para gestionar nuestros recursos. La transparencia de cómo los utilizan debe ser absoluta. Las cuentas corrientes de Ministerios, Instituciones y organismos del Estado deben ser públicas. También las tarjetas de crédito de los representantes y toda la relación de ingresos y gastos de cada departamento. Es el dinero de todos los ciudadanos y debemos exigir información detallada de su utilización. Los ciudadanos tenemos que poder saber a qué se dedica cada uno de los Euros recaudados de nuestros bolsillos. E internet da la posibilidad de informar de estos detalles con mucha facilidad. Se lo tenemos que exigir, que es nuestro dinero.

– Todas las reuniones y negociaciones entre todos los representantes de los ciudadanos deben ser públicas, salvo las que afecten a la seguridad. Las negociaciones para formar alianzas de gobierno nos interesan a todos los ciudadanos. Actas, imágenes y taquígrafos de todas las reuniones. Los representantes no se deben a su partido, sino a los ciudadanos.

– El Partido Imaginario no defiende ningún modelo territorial del Estado. Nos parece completamente absurdo hacerlo. Cada persona tiene su modelo territorial del Estado y el único modelo territorial de Estado que defendemos es el que se obtenga a través del acuerdo entre todos. Políticamente, defendemos un Estado laico con completa separación entre confesiones y Estado. Ni el Vaticano, ni ninguna institución confesional tendrá relaciones especiales con el Estado. El Jefe del Estado debe elegirse mediante sufragio.

– La Historia no tiene autoridad. Los derechos históricos son una patraña. El único poder y autoridad radica en el pueblo soberano y su voto. Esgrimir la tradición histórica para defender una posición no resiste ningún análisis. La historia enseña, sí. Y los votantes, con las enseñanzas de la historia, decidimos. La tradición no vota.

– El Derecho a la Autodeterminación sólo puede entenderse como Derecho a la Independencia y no como un Derecho a relacionarse con el resto del Estado como la “autonomía” determine. Como defendemos la soberanía popular, todos los territorios tienen que tener Derecho a la Independencia. ¿Cómo se puede defender la soberanía popular y negar simultáneamente el Derecho a un territorio a independizarse?

– Nos parece un atentado contra la racionalidad que en la Constitución española perdure el artículo que dice: ‘La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas’. Negar el Derecho a la Independencia es negar Derechos Fundamentales de los pueblos.

– Lo que no debiera poder decidir nadie libremente es permanecer unido y poner las condiciones de cómo se une. En ocasiones, sucede así porque los votos de los partidos locales son decisivos para mantener al gobierno central. Debemos buscar soluciones para que eso no ocurra. Si quieren independizarse, que se independicen. Si quieren permanecer ligados, las condiciones de ligazón debemos ponerlas entre todos.

– La separación de poderes del Estado es un valor fundamental y se debe cumplir con respeto absoluto. Hay que buscar métodos para evitar siempre más cualquier injerencia del gobierno en el poder judicial. La información es un cuarto poder y como tal debe tomarse. Los medios de información del Estado (cuya permanencia defendemos con matices) deben ser absolutamente independientes del gobierno y con mecanismos de control al alcance del ciudadano para asegurar esa independencia.

– La corrupción de las Administraciones públicas es uno de las mayores frenos al desarrollo del país. Con múltiples artimañas, administraciones autonómicas y municipales arrancan comisiones en sus contratos públicos para intereses particulares. Cualquiera que trabaje con la Administración sabe que es así en un porcentaje elevadísimo de casos, aunque no se puedan probar culpabilidades. Esa corrupción tan extendida hace un daño enorme a la economía del país por muchos motivos, entre ellos el de la desconfianza del ciudadano en los políticos y en la conveniencia de pagar impuestos. Es imprescindible acabar con esta corrupción y para ello nos tenemos que implicar la ciudadanía, denunciar a los administradores públicos ante la más mínima sospecha. En la actualidad eso no se hace porque supone cerrarse puertas definitivamente, pero será imprescindible buscar mecanismos que permitan luchar contra la corrupción sin que sean ciudadanos particulares quienes asuman el coste. El Partido Imaginario no puede garantizar que tiene el control de que todos sus representantes son honorables. Apoyaremos cualqueir investigación que se solicite, ante la más mínima sospecha de cualqueira de las personas elegidas en nombre de este Partido. La presunción de inocencia no significa deseo de inocencia. Se trata de investigar a fondo, ante la más mínima sospecha.

– Los representantes del partido imaginario no aceptarán regalos, ni grandes ni pequeños, de nadie. Los regalos son un principio de corrupción, porque devienen del cargo y no de la amistad. Los amigos que esperen y si nos quieren regalar cosas que lo hagan cuando dejemos de tener influencia en decisiones que se pagan con el dinero de todos los ciudadanos.

– La transaparencia de las cuentas públicas es imprescindible para acabar con la corrupción y la mala utilización de dinero público. Queremos tener información de cómo se gasta hasta el último de nuestros euros. Información pública, con acceso directo y sencillo a través de internet, de todo el dinero que se administra en organismos y empresas públicas. Acceso público a todas las cuentas corrientes, a todas los datos de pago, a todos los estractos de las tarjetas de crédito. Queremos tener acceso a todo… No tienen que escondernos nada, que es nuestro dinero.